Mayo del 2008


¿Dios creó al hombre o el hombre creó a Dios?

Publicado en General el 20 de Mayo, 2008, 9:12 por feyerabend

¿Dios creó al hombre o el hombre creó a Dios?

Científicos de Oxford investigan la estructura cerebral que aloja la creencia religiosa - Y Einstein aviva el debate desde la tumba

MÓNICA SALOMONE 20/05/2008

Si usted cree en Dios o, en general, en alguna forma de ente místico, sepa que la inmensa mayoría de la humanidad está en su mismo bando. Si por el contrario no es creyente, es usted, en términos estadísticos, un raro. Si la demostración de la existencia de Dios se basara en el número de fieles, la cosa estaría clara. No es así, aunque en lo que respecta a este artículo eso es, en realidad, lo de menos. Creyentes y no creyentes están divididos por la misma pregunta: ¿Cómo pueden ellos no creer/creer (táchese lo que no corresponda)? Este texto pretende resumir las respuestas que la ciencia da a ambas preguntas.

Los físicos están pletóricos este año porque gracias al acelerador de partículas LHC, que pronto empezará a funcionar cerca de Ginebra, podrán por fin buscar una partícula fundamental que explica el origen de la masa, y a la que llaman la partícula de Dios. Los matemáticos, por su parte, tienen desde hace más de dos siglos una fórmula que relaciona cinco números esenciales en las matemáticas -entre ellos el famoso pi-, y a la que algunos, no todos, se refieren como la fórmula de Dios. Pero, apodos aparte, lo cierto es que la ciencia no se ocupa de Dios. O no de demostrar su existencia o inexistencia. Las opiniones de Einstein -expresadas en una carta recientemente subastada- valen en este terreno tanto como las de cualquiera. Sí que se pregunta la ciencia, en cambio, por qué existe la religión.

No es ni mucho menos un tema de investigación nuevo, pero ahora hay más herramientas y datos para abordarlo, y desde perspectivas más variadas. A sociólogos, antropólogos o filósofos, que tradicionalmente han estudiado el fenómeno de la religión o la religiosidad, se unen ahora biólogos, paleoantropólogos, psicólogos y neurocientíficos. Incluso hay quienes usan un nuevo término: neuroteología, o neurociencia de la espiritualidad. Prueba del auge del área es que un grupo de la Universidad de Oxford acaba de recibir 2,5 millones de euros de una fundación privada para investigar durante tres años "cómo las estructuras de la mente humana determinan la expresión religiosa", explica uno de los directores del proyecto, el psicólogo evolucionista Justin Barrett, del Centro para la Antropología y la Mente de la Universidad de Oxford.

Meter mano científicamente a la pregunta 'por qué somos religiosos los humanos' no es fácil. Una muestra: experimentos recientes identifican estructuras cerebrales relacionadas con la experiencia religiosa. ¿Significa eso que la evolución ha favorecido un cerebro pro-religión porque es un valor positivo? ¿O es más bien el subproducto de un cerebro inteligente? Sacar conclusiones es difícil, e imposible en lo que se refiere a si Dios es o no 'real'. Que la religión tenga sus circuitos neurales significa que Dios es un mero producto del cerebro, dicen unos. No: es que Dios ha preparado mi cerebro para poder comunicarse conmigo, responden otros. Por tanto, "no vamos a buscar pruebas de la existencia o inexistencia de Dios", dice Barrett.

¿Desde cuándo es el hombre religioso? Eudald Carbonell, de la Universidad Rovira i Virgili y co-director de la excavación de Atapuerca, recuerda que "las creencias no fosilizan", pero sí pueden hacerlo los ritos de los enterramientos, por ejemplo. Así, se cree que hace unos 200.000 años Homo heidelbergensis, antepasado de los neandertales y que ya mostraba "atisbos de un cierto concepto tribal", ya habría tratado a sus muertos de forma distinta. De lo que no hay duda es de que desde la aparición de Homo sapiens el fenómeno religioso es un continuo. "La religión forma parte de la cultura de los seres humanos. Es un universal, está en todas las culturas conocidas", afirma Eloy Gómez Pellón, antropólogo de la Universidad de Cantabria y profesor del Instituto de Ciencia de las Religiones de la Universidad Complutense de Madrid.

¿Por qué esto es así? Para Carbonell hay un hecho claro: "La religión, lo mismo que la cultura y la biología, es producto de la selección natural". Lo que significa que la religión -o la capacidad para desarrollarla-, lo mismo que el habla, por ejemplo, sería un carácter que da una ventaja a la especie humana, y por eso ha sido favorecido por la evolución. ¿Qué ventaja? "Eso ya es filosofía pura", responde Carbonell. Está dicho, las creencias no fosilizan.

Así que hagamos filosofía. O expongamos hipótesis: "Un aspecto importante aquí es la sociabilidad", dice Carbonell. "Cuando un homínido aumenta su sociabilidad interacciona de forma distinta con el medio, y empieza a preguntarse por qué es diferente de otros animales, qué pasa después de la muerte... Y no tiene respuestas empíricas. La religión vendría a tapar ese hueco".

Esa visión cuadra con la antropológica. La religión, según Gómez Pellón, da los valores que contribuyen a estructurar una comunidad en torno a principios comunes. Por cierto, ¿y si fueran esos valores, y no la religión en sí, lo que ha sido seleccionado? Curiosamente, señala Gómez Pellón, "los valores básicos coinciden en todas las religiones: solidaridad, templanza, humildad...". Tal vez no sea mensurable el valor biológico de la humildad, pero sí hay muchos modelos que estudian el altruismo y sus posibles ventajas evolutivas en diversas especies, incluida la humana.

También coinciden Carbonell y Gómez Pellón al señalar el papel "calmante" de la religión. "La religión ayuda a controlar la ansiedad de no saber", dice el antropólogo. "Cuanto más se sabe, más se sabe que no se sabe. Y eso genera ansiedad. Además, el ser humano vive poco. ¿Qué pasa después? Esa pregunta está en todas las culturas, y la religión ayuda a convivir con ella, nos da seguridad". Lo constatan quienes tratan a diario con personas próximas a situaciones extremas. "Es verdad que en la aceptación del proceso de morir las creencias pueden ayudar", señala Xavier Gómez-Batiste, cirujano oncólogo y Jefe del Servicio de Cuidados Paliativos del Hospital Universitario de Bellvitge.

Por si fueran pocas ventajas, otros estudios sugieren que las personas religiosas se deprimen menos, tienen más autoestima e incluso "viven más", dice Barrett. "El compromiso religioso favorece el bienestar psicológico, emocional y físico. Hay evidencias de que la religión ayuda a confiar en los demás y a mantener comunidades más duraderas". La religión parece útil. Eso explica que el ser humano "sea naturalmente receptivo ante las creencias y actividades religiosas", prosigue.

Naturalmente receptivos. ¿Significa eso que estamos orgánicamente predispuestos a ser religiosos? ¿Lo está nuestro cerebro? En los últimos años varios grupos han recurrido a técnicas de imagen para estudiar el cerebro en vivo en "actitud religiosa", por así decir. "Son experimentos difíciles de diseñar porque la experiencia religiosa es muy variada", advierte Javier Cudeiro, jefe del grupo de Neurociencia y Control Motor de la Universidad de Coruña. Los resultados no suelen considerarse concluyentes. Pero sí se acepta que hay áreas implicadas en la experiencia religiosa.

En uno de los trabajos se pedía a voluntarios -un grupo de creyentes y otro de no creyentes- que recitaran textos mientras se les sometía a un escáner cerebral. Al recitar un determinado salmo, en los cerebros de creyentes y no creyentes se activaban estructuras distintas. No es sorprendente. "Se da por hecho", explica Cudeiro; lo mismo que hay áreas implicadas en el cálculo o en el habla.

La pregunta es si esas estructuras fueron seleccionadas a lo largo de la evolución expresamente para la religión. Cudeiro no lo cree. "La experiencia religiosa se relaciona con cambios en la estructura del cerebro, y neuroquímicos, que llevan a la aparición de la autoconciencia, el lenguaje... cambios que permiten procesos cognitivos complejos; no son para una función específica". O sea que la religión bien podría ser, como dice Carbonell, un efecto secundario de la inteligencia.

Otros estudios de neuroteología han estudiado el cerebro de monjas mientras evocaban la sensación de unión con Dios, y de monjes meditando. Uno de los autores de estos trabajos, Mario Beauregard, de la Universidad de Montreal, aspira incluso a poder generar en no creyentes la misma sensación mística de los creyentes, a la que se atribuyen tantos efectos beneficiosos: "Si supiéramos cómo alterar

[con fármacos o estimulación eléctrica] estas funciones del cerebro, podríamos ayudar a la gente a alcanzar los estados espirituales usando un dispositivo que estimule el cerebro ", ha declarado Beauregard a la revista Scientific American.

Lo expuesto en este texto sugiere que la cuestión no es tanto por qué existe la religión, sino por qué existe el ateísmo. Con todas las ventajas de la religión, ¿por qué hay gente atea? "El ateísmo actual es un fenómeno nuevo y queremos investigarlo, sí", dice Barrett por teléfono. ¿Tiene que ver con el avance de la ciencia, capaz de dar al menos algunas de esas tan buscadas respuestas? Varios estudios indican que, en efecto, los científicos son menos religiosos que la media. Pero hay excepciones; los matemáticos y los físicos, en especial los que se dedican al estudio del origen del universo -¡precisamente!-, tienden a ser más religiosos. No hay consenso sobre si un mayor grado de educación, o de cociente intelectual, hace ser menos religioso. "El ser religioso o no seguramente depende de muchos factores que aún no conocemos", dice Barrett.

"Las supersticiones más infantiles"

Las opiniones de Albert Einstein sobre el hecho religioso han sido objeto de polémica entre los expertos. Una carta inédita que remitió al filósofo Eric Gutkind en 1954 muestra ahora al genio más escéptico. Los siguientes son extractos de la misiva, publicada por The Guardian.(...) "La palabra Dios, para mí, no es más que la expresión y el producto de las debilidades humanas, y la Biblia una colección de leyendas dignas pero primitivas que son bastante infantiles. Ninguna interpretación, por sutil que sea, puede cambiar eso (para mí). Tales interpretaciones sutiles son muy variadas en naturaleza, y no tienen prácticamente nada que ver con el texto original. Para mí, la religión judía, como todas las demás religiones, es una encarnación de las supersticiones más infantiles. Y el pueblo judío, al que me alegro de pertenecer y con cuya mentalidad tengo una profunda afinidad, no tiene ninguna cualidad diferente, para mí, a las de los demás pueblos. Según mi experiencia, no son mejores que otros grupos humanos, si bien están protegidos de los peores cánceres porque no poseen ningún poder. Aparte de eso, no puedo ver que tengan nada de escogidos.Me duele que usted reivindique una posición de privilegio y trate de defenderla con dos muros de orgullo, uno externo, como hombre, y otro interno, como judío. Como hombre reivindica, por así decir, estar exento de una causalidad que por lo demás acepta, y como judío, el privilegio del monoteísmo. Pero una causalidad limitada deja de ser causalidad, como nuestro maravilloso Spinoza reconoció de manera incisiva, seguramente antes que nadie. Y las interpretaciones animistas de las religiones de la naturaleza no están, en principio, anuladas por la monopolización. Con semejantes muros sólo podemos alcanzar a engañarnos (...) a nosotros mismos, pero nuestros esfuerzos morales no salen beneficiados. Al contrario (...)".

Quinto encuentro- CAFÉ FILOSÓFICO / Centro de las Artes- UNGS

Publicado en General el 15 de Mayo, 2008, 7:31 por feyerabend
Quinto encuentro del CAFE FILÓSOFICO
"Los llamados pre-socráticos"
Filosofía antigua: Los griegos
(primera parte)
Sábado 17 de mayo, 19hs
Centro de las Artes- Universidad de General Sarmiento
(Roca y Muñoz- San Miguel)
coordina: Carlos Liendro
(para material bibliográfico pueden ir al blog de FILOSOFÍA)

Las afinidades electivas

Publicado en General el 4 de Mayo, 2008, 7:26 por feyerabend

Las afinidades electivas

Robert Wiener presentó a la Cibernética como una ciencia interdisciplinaria dedicada al análisis de los sistemas de comunicación, organismos vivos, máquinas y organizaciones por igual. Y esta gama variada y pintoresca (a veces temible) generó la interacción de supercientíficos que brillaban en áreas dispares (Bateson, Von Neuman y el mismo Wiener); confluyeron, entre 1946 y 1953, en una serie de conferencias donde trabajaron al preciso filo de un nuevo paradigma, aunque sin cortarse.

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HACE CINCUENTA AÑOS, WIENER DEFINIO LA CIBERNETICA COMO “LA CIENCIA DEL CONTROL, EN LA INTERACCION DE HOMBRES, ANIMALES Y MAQUINAS”.

Por Pablo Capanna

Cualquier revista técnica de hoy nos dirá que “cibernética” es apenas el nombre que se le daba antiguamente a la informática o, como prefieren algunos, a las Ciencias del Computador. Sin embargo, la misma revista pasará de inmediato a hablar de ese “ciberespacio” que inventó el novelista William Gibson pensando precisamente en la cibernética.

La explicación podrá ser válida para el público nerd, que lo que más teme es parecer anticuado, pero está lejos de ser la mejor. La cibernética, tal como la concibieron sus fundadores, John von Neumann y Norbert Wiener, era una ciencia mucho más ambiciosa, que pretendía extender sus dominios hasta el mundo de la biología, la psicología, la antropología y la política.

Hace cincuenta años, Wiener la definió como “la ciencia del control, en la interacción de hombres, animales y máquinas”. Tampoco dejó de anticipar las revoluciones tecnológicas que protagonizaría la cibernética durante el resto del siglo y están lejos de haber concluido.

El nacimiento de la cibernética se puede remontar a un ciclo de seminarios interdisciplinarios que tuvieron lugar en Nueva York entre 1946 y 1953, organizadOs por la Fundación Macy. Fue una ocasión histórica, en la cual se convocó a una cantidad de nombres notables de la ciencia, de esos de los que todavía se habla.

El temario de los seminarios fue creciendo y ramificándose a medida que se sucedían los encuentros y se incorporaban nuevos invitados. Pocas veces se llegó a reunir tal masa crítica de inteligencia con un provecho tan grande, y se diría que aún seguimos disfrutando de aquella inversión.

Sin embargo, con el andar del tiempo, las carreras de los hombres que convocaron las Conferencias Macy (Von Neumann, Wiener y Bateson) se hicieron radicalmente divergentes. De algún modo llegaron a reflejar buena parte del espectro ideológico del siglo XX.

UN NUEVO PARADIGMA

La necesidad de sacar a los especialistas de su encierro para hacerlos interactuar con los expertos de otras disciplinas comenzaba a hacerse sentir en 1942. Encontró su expresión en un seminario que convocaron los matemáticos John von Neumann y Norbert Wiener junto con los antropólogos Gregory Bateson y Margaret Mead. El tema original era algo insólito (la “inhibición cerebral”) y se refería a la hipnosis.

Pasaron los años de la guerra, durante la cual fueron movilizados Wiener y Von Neumann. En 1946, el británico Bateson volvió a intentar otra convocatoria, contando ahora con el subsidio de la Fundación Josiah Macy, una entidad médico-filantrópica que estaba dispuesta a financiarla.

Bateson, que siempre había tenido una gama muy amplia de intereses, se había sentido atraído por los trabajos de los neurofisiólogos MacCulloch y Rosenblueth tanto como por las posibilidades que abrían las primeras computadoras.

Fue él quien colaboró con Warren MacCulloch en marzo de 1946 para confeccionar la lista de invitados. Lograron reunir a 22 científicos en actividad, que intercambiaron ideas durante dos días en el hotel Beekman de Nueva York. No se habló de “nuevo paradigma”, porque la palabra aún no se usaba. Estábamos a casi dos décadas antes de K (antes de Kuhn, obviamente). Pero ésa era la idea que estaba comenzando a circular.

La lista de los científicos invitados era impresionante. Aparte de las ciencias sociales, que estaban representadas por Bateson y Mead, la ingeniería y la matemática aplicada contaban con Wiener y Von Neumann y la fisiología con Rosenblueth, Lorente y Gerard.

También hubo ingenieros, físicos, psiquiatras, sociólogos y antropólogos. Estuvieron presentes el filósofo F. S. C. Northrop y el psicólogo gestáltico Kurt Lewin. Fueron invitados, aunque por distintas razones terminaron por no concurrir, el matemático Gödel, el economista Oskar Morgenstern y el historiador de la ciencia Giorgio de Santillana.

La convocatoria de 1946 invitaba a participar de una “Conferencia para los Mecanismos Circulares Causales y de Retroalimentación en los sistemas biológicos y sociales”. El concepto de Retroalimentación (feedback) que hoy hasta los políticos se han acostumbrado a usar para asimilar el impacto de las encuestas comenzaba a imponerse.

Las sesiones fueron tan informales como para abrir un gran espacio a la creatividad. El austríaco Heinz von Foerster fue invitado por MacCulloch a raíz de un artículo que había escrito sobre las bases moleculares de la memoria. Recién llegado, tuvo que exponer en inglés, para lo cual contaba apenas con un vocabulario tarzanesco. Para que aprendiera el idioma, lo nombraron secretario, y cualquiera diría que su desempeño fue excelente.

En los seminarios, Von Neumann disertaba como un profesor dueño de su cátedra. En cambio, Wiener solía dormirse a menudo, emitiendo sonoros ronquidos. Pero bastaba que alguien mencionara alguno de sus temas favoritos para que despertara instantáneamente, tomara la tiza y comenzara a hablar como si nada.

En 1947 y 1948 se realizaron otros dos encuentros cada año, con la misma consigna. Pero a partir de la publicación del libro Cybernetics (1948) ,de Wiener, las cosas cambiaron. A partir de 1949 los seminarios pasaron a ostentar en el título la palabra cibernética. Wiener la había tomado de Platón, quien la había usado para la política. Si el Estado era un barco, decía Platón que al Ejecutivo le correspondía ejercer el “arte del timonel” (kybernetes), basado en la prudencia y el realismo.

Bateson solía decir que los dos acontecimientos fundamentales del siglo XX habían sido el Tratado de Versalles, que engendró la Segunda Guerra Mundial, y la creación de la cibernética. El tiempo parecería haberle dado la razón.

El grupo de Macy intentó una revisión de las ciencias, incluyendo las biológicas y las sociales, a partir de una lógica informática que todavía estaba por hacerse. Se discutieron todas las tendencias que entonces parecían prometer un nuevo paradigma: la Teoría General de Sistemas de Von Bertalanffy, la Semántica General de Korzybski y los modelos topológicos que proponía Kurt Lewin para la psicología.

El concepto de “homeostasis” (un circuito de realimentación que había propuesto el fisiólogo Cannon) fue tema de discusión de los seminarios tanto como las ecuaciones del meteorólogo Richardson sobre la carrera armamentista. El resultado fue una fecundación cruzada que dejó sus huellas en casi todos los campos de la ciencia. Pero si hablamos de sus promotores, se diría que a partir de entonces sus caminos se separaron y tomaron direcciones divergentes.

LA RUTA DE VON NEUMANN

Sería difícil negarle a John von Neumann (1903-1957) la condición de genio de la matemática aplicada, pero cualquiera diría que sus condiciones éticas no estaban a la misma altura. Nacido en Hungría, hijo de un banquero judío, se había formado en Europa y odiaba a los rusos por motivos más étnicos que ideológicos. Tenía hábitos aristocratizantes y se complacía en codearse con la alta sociedad y frecuentar las esferas del poder político.

Cuando Oppenheimer lo convocó para el Proyecto Manhattan, desempeñó un papel decisivo tanto en el nacimiento de la bomba atómica como en el de las primeras computadoras analógicas, una de las cuales llegó a llamarse Johnniac en su homenaje.

En la posguerra, fue uno de los principales impulsores de la carrera armamentista, de la bomba de hidrógeno y de los misiles intercontinentales. En 1950 propuso arrasar a la URSS con un masivo ataque nuclear “preventivo”, pero los militares (que por suerte tenían ideas más claras acerca de la guerra) lo disuadieron a tiempo.

Su principal aporte teórico fue la Teoría de Juegos, una suerte de lógica pensada para la política. Sus aplicaciones más irresponsables corrieron por cuenta de la famosa Rand Corporation, que entre otras cosas usó para conducir la guerra de Vietnam.

Von Neumann desestimaba los efectos biológicos de la radiactividad, y alguna vez llegó a proponer que se modificara el clima del planeta, cambiando el albedo de la Tierra por medio de explosiones termonucleares atmosféricas.

Murió de cáncer a los 53 años, probablemente por haber estado expuesto a la radiactividad durante las pruebas nucleares que presenció. Era agnóstico, pero en sus últimos meses se acercó a la religión. Sentimientos de culpa no le faltarían, y responsabilidades tampoco.

EL CAMINO DE WIENER

A diferencia de von Neumann, el norteamericano Norbert Wiener (1894-1964) se apartó del poder y acabó por convertirse en lo que por aquel entonces aún se llamaba “un intelectual”. Era hijo de un profesor judío polaco, que le dio una educación excepcional. Su vida fue la de un “ex niño prodigio”: ése fue el título que le puso a su autobiografía.

Llegó a Harvard a los 18 años, estudió lógica con Russell y Hilbert, e hizo toda su carrera en el Masachusetts Institute of Technology (MIT). Sus fundamentales aportes a la cibernética fueron hechos en tiempos de guerra, con sus pioneros estudios del cálculo de tiro para los cañones antiaéreos.

Sin embargo, la bomba de Hiroshima lo llenó de espanto, y desde entonces tomó distancia de cualquier compromiso bélico. Optó por dirigirse a un público amplio y escribió varios libros para el lector medio, incluyendo la novela que dedicó a Heaviside, un hombre de ciencia que había sido víctima de inescrupulosos, ineptos y plagiarios.

Sus libros más polémicos, además de Cibernética y sociedad, fueron El uso humano de los seres humanos (1954) y Dios y el Golem (1964), que investigan los usos de la tecnología.

Wiener defendió un ideario liberal, que hoy llamaríamos progresista. Fue el primero en escribir (¡en 1949!) sobre la desocupación de origen tecnológico que avizoraba para el futuro, a medida que la cibernética fuera abriéndose paso.

Casi cincuenta años más tarde, Vivianne Forrester evocaría sus páginas más proféticas a la hora de escribir El horror económico (1996). Pocos autores habían llegado a anticipar las consecuencias de la globalización y de la exclusión social.

EL SENDERO DE BATESON

El último de los cerebros de Macy fue Gregory Bateson (1902-1980). Era hijo de uno de los padres de la genética: William Bateson (1861-1926), que le puso Gregory por Mendel, y le dio una sólida formación biológica. Gregory la aprovecharía creativamente a la hora de dedicarse a las ciencias humanas. En su juventud, hizo notables investigaciones antropológicas en la jungla de Nueva Guinea, cuando estaba casado con Margaret Mead (1901-1978).

En la época de las conferencias Macy solía discutir con Wiener sobre psicoanálisis, especialmente sobre el concepto freudiano de “energía”. El matemático le objetaba a Freud que la información es algo más que energía.

En sus diálogos con Wiener se originó su doctrina del “doble vínculo” sobre el origen de la esquizofrenia, que después fue dejada de lado cuando llegó el auge de la neuroquímica.

Eso que entonces Bateson llamaba “la teología de los Alcohólicos Anónimos” sirvió de base a todos los grupos de autoayuda que conocimos después. Del mismo modo, su consigna “aprender a aprender” fue acogida con entusiasmo por los pedagogos, aunque pocas veces se tradujo en hechos.

De las ecuaciones de Richardson sobre la carrera armamentista Bateson sacó el concepto de “cismogénesis”, que acuñó para hablar de ciertas culturas arcaicas caracterizadas por la competitividad, aunque es muy probable que estuviera pensando en la Guerra Fría. Desde 1949 a 1962 trabajó en el hospital psiquiátrico de Palo Alto, y a su alrededor se formó toda una perdurable escuela de psicólogos.

Con los años, comenzó a manifestar un marcado interés por el esoterismo, especialmente notable en sus últimas obras, que tienen más citas de Carl Gustav Jung que referencias a la cibernética. Años antes, había acompañado a John Lilly en sus estudios sobre la conducta de los cetáceos, antes de que Lilly se apartara definitivamente de la ciencia para convertirse en gurú de una secta.

En la vida de Bateson el paso decisivo se dio cuando se incorporó al Instituto Esalen, cuya fundación había sido inspirada por Aldous Huxley y Alan Watts. Desde el Big Sur californiano, Esalen llegó a ser esa Meca del nuevo paradigma que visitaron tantas figuras notables en los años sesenta, en busca de saberes “alternativos.”

Es muy posible que Bateson haya sido el ideólogo fundador del movimiento New Age, que Marilyn Ferguson se encargó de difundir como “la conspiración de Acuario”. Sus resultados están a la vista: colorido reciclaje de la teosofía, con algunos temas nuevos y mucho de negocio, a pesar de las intenciones que pudieran tener sus fundadores.

Así es la diversidad humana. En Macy se dieron las condiciones para el intercambio, pero cada uno sacó las conclusiones que estaría buscando...