Junio del 2008


Filosofía e historia de la ciencia

Publicado en General el 14 de Junio, 2008, 13:46 por feyerabend

Galileo cortesano: la cultura de las cortes y la legitimación de la ciencia

Cuando la ciencia moderna todavía gateaba para legitimarse como tal –pugnando por escapar tanto a la fuerza del aristotelismo como al autoritarismo de la inquisición religiosa–, Galileo Galilei (1564-1642) huía de esa complicada situación arrojándose en brazos del mecenazgo de las cortes, una relación no muy estudiada ni entendida. Justamente profundizando en este aspecto de la historia de la ciencia del siglo XVI, Futuro adelanta fragmentos de Galileo cortesano (Katz Editores), del historiador italiano Mario Biagioli.

 Por Mario Biagioli


“Si las pulgas tuvieran rituales,
serían sobre los perros.”

Ludwig Wittgenstein

No es una novedad que Galileo pasa la mayor parte de su vida adulta en la corte de los Medici como matemático y filósofo del gran duque de Toscana. No obstante, el carácter fundamental de ese puesto en la corte para su producción científica es un dato que no ha llamado la atención de los filósofos y los historiadores de la ciencia.

La tendencia a trazar una distinción entre el Galileo “científico” y el Galileo “cortesano” no se limita sólo a los estudios académicos. Bertolt Brecht, por ejemplo, le atribuye el ethos y la cultura de un artesano más que de un cortesano, aunque en su profunda obra Vida de Galileo no lo presenta como un científico “puro” y desinteresado.

Para Brecht, los artesanos representan las fuerzas progresistas, mientras que los cortesanos simbolizan al ancien régime: una cultura que el autor considera opuesta a los valores potencialmente positivos y modernos de la ciencia.

La representación habitual de la identidad y la producción científica de Galileo como elementos ajenos a los valores de la corte no deriva solamente de la distinción tajante entre ciencia y sociedad que realizan algunos autores.

Esta representación también aparece en los textos de aquellos que aceptan vincular el desarrollo de la ciencia moderna con el cambio social, pero no consideran a la corte como una institución que encarne las fuerzas “positivas” de la modernidad.

CORTESANOS Y ARTESANOS

En especial, la corte contribuye con la legitimación cognitiva de la nueva ciencia porque ofrece un espacio para la legitimación social de quienes la practican, lo que a su vez aumenta el estatus epistemológico de la disciplina.

El desplazamiento del interés en el taller del artesano hacia una mirada más concentrada en la corte de los príncipes como ámbito fundamental para el desarrollo de la nueva ciencia refleja una inquietud cada vez mayor acerca del funcionamiento de los rituales, las representaciones y el discurso, no sólo en la historia de la ciencia sino en el marco más general de las ciencias sociales y las humanidades.

Por otra parte, también refleja un enfoque más complejo para el análisis de las relaciones entre conocimiento y poder. Quienes están familiarizados con las cortes del Renacimiento y el Barroco, con su cultura y sus normas de protocolo, saben que allí el poder se encuentra muy arraigado en los modales, la disciplina y la cortesía del discurso.

Asimismo, saben que a pesar de su apariencia delicada, éste es un factor muy eficaz para la formación de las ideas, la conducta y la identidad individual. A su vez, el poder no existe por fuera de esas prácticas, como una especie de causa independiente, sino que se constituye en ellas. Esta perspectiva sobre la relación entre poder, conocimiento y autoconstrucción se puede aplicar con buenos resultados a un análisis de la carrera de Galileo.

ARMANDO A GALILEO

En muchos sentidos, lo que se presenta aquí es un estudio sobre la autoconstrucción de un científico. Ahora bien, la elección de este enfoque para dar cuenta de la carrera científica de Galileo refleja el carácter de su propia trayectoria social. En efecto, Galileo comienza su carrera como integrante de una cultura socioprofesional específica: la de los matemáticos.

Sin embargo, en el proceso de migración a la corte, logra recrear su identidad para pasar a ser una especie atípica de filósofo, que en el momento no tiene atribuido ningún rol social ni cuenta con ninguna imagen establecida.

Se podría decir que Galileo se reinventa alrededor de 1610 cuando se transforma en el filósofo y matemático del gran duque de Toscana. Aunque en el proceso toma elementos prestados de los roles sociales y los códigos culturales existentes y los renegocia, la identidad socioprofesional que construye para sí es definitivamente original.

En este libro se rastrea la articulación de esa nueva identidad socioprofesional (el “nuevo filósofo” o “astrónomo filosófico”) dentro del ámbito de la corte y se analiza la relación entre esa identidad y la obra galileana. Para ello, se reconstruyen la cultura y los códigos de la conducta cortesana que enmarcan las prácticas cotidianas de Galileo, sus textos, la presentación de su persona y sus hallazgos, y su interacción con otros cortesanos, mecenas, matemáticos y filósofos.

VIDA COTIDIANA, ACTIVIDAD CIENTIFICA Y ARTEFACTO HISTORICO

Esta obra no es una biografía ni una historia social de la carrera de Galileo. Si bien sigue a Galileo en varios años de su vida, rastrea varias de sus disputas científicas y analiza varios de sus textos, lo que pretende es ofrecer un estudio pormenorizado (en algunos casos, hasta microscópico) de las estructuras de su actividad y sus inquietudes cotidianas, para mostrar luego cómo éstas enmarcan su actividad científica.

Aunque algunas tensiones importantes recorren todos los capítulos cronológicamente, aquí no se presenta la carrera científica de Galileo en tanto pasaje de la infancia a la madurez intelectual, ni se adjudica más valor a sus últimos trabajos, como el Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo o el Discurso sobre dos nuevas ciencias, que supuestamente son los más significativos.

Lo que interesa en este libro es identificar y examinar desde una perspectiva sincrónica los procesos, las condiciones, los recursos y las limitaciones que dan forma a su vida cotidiana y a su actividad científica y que, con el transcurso de los años, producen ese artefacto histórico que hoy se conoce como la carrera de Galileo.

A modo de conclusión, se presentan algunas reflexiones sobre la posible relación entre la cultura de la corte, el absolutismo político, la legitimación de la ciencia y el desarrollo de las primeras instituciones científicas.

UNA INSTITUCION SIN MUROS

El mecenazgo constituye un tema recurrente en este trabajo, donde se ofrecerán pruebas de que las inquietudes relativas a dicho sistema y al ascenso social no son ajenas a la labor de Galileo. En efecto, tener un mecenas de la corte no representa un mero recurso para ser usado por beneficiarios astutos y lúcidos (como el Galileo de Brecht).

El mecenazgo es un elemento integral en el proceso de autoconstrucción de todos los cortesanos. Como se propone en el capítulo 1, se trata de una institución sin muros, un sistema complejo y amplio que constituye el mundo social para la ciencia de Galileo.

En síntesis, aquí no se presenta al matemático italiano como un mero manipulador racional de la maquinaria del mecenazgo, sino como un científico cuyo discurso está orientado por la cultura del mecenazgo en la que opera hasta el final de su vida, al igual que sus motivaciones y sus elecciones intelectuales.

El estilo de Galileo está impregnado de la cultura cortesana, pero además, como se pretende demostrar aquí, existe una simbiosis entre su compromiso cada vez mayor con el copernicanismo y su proceso de autoconstrucción como beneficiario exitoso en la corte.

No obstante, las inquietudes de Galileo por la cultura de la corte y del mecenazgo no determinan su producción ni su actividad científica, a pesar de que tampoco les son ajenas. En este libro no se pinta el retrato de un “esclavo del sistema” que se adapta a los roles y las expectativas tradicionales para recibir legitimidad.

El poder no censura ni legitima un corpus de conocimiento que existe independientemente de él. Al destacar el proceso de autoconstrucción, no se supone la existencia previa de un “Galileo” que despliega diferentes tácticas en distintos ámbitos pero permanece “fiel a sí mismo”, ni tampoco se lo concibe como un ser pasivo que se deja moldear por el contexto que lo rodea.

En lugar de ello, se pone el acento sobre el modo en que detecta y usa los recursos presentes en ese contexto para construirse una nueva identidad socioprofesional, proponer una nueva filosofía de la naturaleza y crear un público para ella dentro de la corte.

De hecho, el funcionamiento entre 1657 y 1667 de la Accademia del Cimento, creada por el príncipe Leopoldo de Medici, confirma que la incidencia de Galileo en la cultura de la corte florentina se extiende mucho más allá de su muerte, en 1642.

DE LA CORTE FLORENTINA AL JUICIO

Si bien al principio de este libro se analiza el surgimiento de las redes de mecenazgo de Galileo y sus estrategias en la etapa universitaria de su carrera, el foco central está puesto en el período que transcurre entre 1610 y 1633, es decir, desde su llegada a la corte florentina hasta el juicio que sigue a la publicación del Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo.

La primera parte del libro está dedicada al paso de Galileo por la corte florentina, mientras que en la segunda se observa su interacción con la corte romana y con el soberano papal.

En el capítulo 2 se explora la eficacia de su migración a la corte, que no se atribuye a lo que hoy sería el valor científico de sus hallazgos astronómicos sino a la presentación de dichos hallazgos como elementos aptos para el discurso de la corte y la mitología dinástica de los Medici.

En el capítulo 3, continúa el análisis de sus actividades científicas en la corte florentina, pero ese análisis se concentra en un debate sobre la flotabilidad que no ha sido muy estudiado y que tuvo lugar allí entre 1611 y 1613. Se trata de la primera confrontación continuada entre Galileo y los filósofos aristotélicos, que hasta entonces eran sus superiores en la jerarquía de disciplinas. En esa ocasión, intenta aprovechar por primera vez los privilegios disciplinarios derivados de su nuevo título de filósofo.

Otro aporte interesante de este análisis de caso es la luz que arroja sobre el lugar de la ciencia en la corte, su protocolo y su relación con los espectáculos. Como se verá, el clímax de la disputa se alcanza cuando Galileo y el filósofo Papazzoni debaten en la mesa del gran duque, con la participación de los cardenales Barberini y Gonzaga.

A partir del análisis de ese debate, en el capítulo 4 se demuestra que la dinámica de la autoconstrucción y de la legitimación sociocognitiva de la ciencia pueden ayudar a desentrañar un problema fundamental en filosofía de la ciencia: lo que se conoce como la inconmensurabilidad entre paradigmas científicos.

El Intermezzo que sigue al capítulo 4 ofrece un esquema del panorama cultural y académico en Roma durante esa época y de su relación con la corte. En particular, se identifican algunas dimensiones específicas de la cultura académica y cortesana en Roma que luego tendrán una función muy importante en las tácticas de Galileo, así como en sus posteriores dificultades.

En el capítulo 5 se ofrece un análisis contextual de la disputa sobre los cometas entre Galileo y el matemático jesuita Orazio Grassi. En el transcurso de esa disputa, cada vez más circunscripta al ámbito romano, Galileo publica El ensayador, un texto que ha desconcertado a muchos especialistas en el autor debido al carácter problemático de su contenido científico.

En ese capítulo se trata de examinar la relación con Roma del mismo modo que en el capítulo 2 se estudia la relación con Florencia, o sea, analizando el uso que hace Galileo del discurso cortesano para legitimar sus ideas sobre los cometas y presentarse como un filósofo de la naturaleza sofisticado y cortés.

El capítulo 6, por su parte, propone una reinterpretación del juicio a Galileo. Tras reponer el contexto mediante un análisis de las dinámicas peculiares que impulsan el mecenazgo y los ciclos generacionales en la corte romana, el capítulo se centra en una práctica característica de las cortes: la caída del favorito (como se la describe en los tratados de la época).

Al aplicar algunos aspectos de esa práctica en el análisis del juicio a Galileo, se observa que los acontecimientos de 1633 no derivan sólo del choque entre la teología tomista y la cosmología moderna, sino también, en la misma medida, del choque entre la dinámica y las tensiones que caracterizan la sociedad y la cultura de la corte barroca.

En síntesis, los mismos procesos que posibilitan la carrera de Galileo y sus esfuerzos por legitimar la astronomía copernicana también les ponen fin.

ENTREVISTA: EDWARD FARHI Director del Departamento de Física Teórica del MIT (EE UU)

Publicado en General el 4 de Junio, 2008, 10:16 por feyerabend

ENTREVISTA: EDWARD FARHI Director del Departamento de Física Teórica del MIT (EE UU)

"Es imposible hacer una máquina del tiempo para viajar al pasado"

ALICIA RIVERA - Madrid - 04/06/2008

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¿Qué tienen en común un ordenador cuántico, el ajedrez, una máquina del tiempo y el nuevo gran acelerador de partículas LHC? Aparentemente, nada, o muy poco, pero todo esto confluye en la inquieta mente del estadounidense Edward Farhi, director del Departamento de Física Teórica del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), en EE UU. Está muy pendiente de la inminente inauguración del LHC y los descubrimientos que se pueden hacer con ese acelerador acerca del microcosmos, pero participó la semana pasada, en un congreso de computación cuántica organizado en la Fundación Ramón Areces, Madrid, por el proyecto Consolider Ingenio Mathematica. A Farhi se le nota que disfruta poniendo a prueba las ideas con su mente de físico teórico.

      La noticia en otros webs

      "Me he planteado cómo programar un ordenador cuántico"

      "El GPS no funciona si no se tienen en cuenta los efectos de la relatividad"

      "Estoy muy pendiente del acelerador de partículas LHC"

      Pregunta. ¿Por qué un especialista en partículas elementales se ocupa de los ordenadores cuánticos, cuando miles de sus colegas en todo el mundo están pendientes del acelerador LHC, que está a punto de arrancar?

      Respuesta. Ahora estoy prestando mucha atención al LHC, estoy ansioso por ver qué se descubre con ese acelerador. Pero hemos estado bastante tiempo esperando nuevos datos que nos ayuden a explicar la naturaleza de las partículas elementales. Desgraciadamente hemos estado varios años sin nuevos experimentos porque los aceleradores son tan grandes y costosos que se tarda mucho en hacerlos. Mientras esperaba el LHC me he interesado por otras cosas, como la computación cuántica.

      P. ¿Qué es un ordenador cuántico?

      R. Hay que dejar claro que no existe aún, aunque creemos que se podrán construir en el futuro. Un ordenador convencional es una máquina que maneja ceros y unos. Cualquier cifra puede ser expresada en ese sistema binario y combinando series de ceros y unos el ordenador calcula y produce un resultado. Sin embargo, la naturaleza, en su nivel más fundamental, se basa en las leyes de la física cuántica que explican por qué los materiales tienen las propiedades que tienen, por qué los imanes son imanes o cómo interaccionan las partículas en el LHC... No se ha encontrado en el laboratorio ni un solo fenómeno que contradiga esas leyes cuánticas. Si la naturaleza es básicamente cuántica, ¿por qué no usarla para hacer una computadora especial?

      P. ¿Y como funcionará?

      R. Una partícula elemental, como un electrón, tiene dos estados que llamamos spin up y spin down, pero según las leyes cuánticas, también puede estar a la vez up y down, en superposición. Si imaginas el spin up como cero y el spin down como uno, resulta que también puedes tener la superposición, que es el spin parcialmente up y parcialmente down, es decir, algo así como parcialmente cero y parcialmente uno. De aquí la potencia adicional de manejar la información con un ordenador cuántico.

      P. Su charla en esta reunión se titula Un ordenador cuántico puede determinar más rápidamente que uno convencional quién gana una partida de ajedrez. ¿También le interesa el ajedrez?

      R. Lo que me he preguntado es qué podría hacer un ordenador cuántico, y he imaginado cómo lo programaría. En un juego de sucesivos de tipo "yo muevo / tú mueves", como el ajedrez, intento saber quién tiene más posibilidades de ganar y un ordenador convencional tardaría muchísimo porque el número de movimientos posibles es tremendo. Pero un ordenador cuántico podría averiguar cuál es la estrategia ganadora mucho más rápidamente porque podría considerar más de una posición a la vez.

      P. ¿Cuándo tendremos una máquina así encima de la mesa?

      R. No va a ser pronto, a lo mejor dentro de 30 años, pero se ha construido ya algún ordenador cuántico pequeñísimo.

      P. ¿Y qué puede hacer?

      R. Prácticamente nada, calcular que 15 es igual a cinco por tres. Pero es importante, hay que empezar por cosas pequeñas.

      P. Usted ha trabajado también en algo muy atractivo: la máquina del tiempo.

      R. Sí, y no tiene nada que ver con los ordenadores cuánticos. Sabemos, por la teoría de la relatividad de Einstein, que el tiempo se altera: si fueras en un cohete muy deprisa, tu reloj marcharía de manera diferente que un reloj en la Tierra. También tus ritmos biológicos andarían de modo diferente. Además, Einstein nos enseñó que también los campos gravitatorios afectan a la marcha del reloj, por lo que uno que estuviese en la superficie terrestre irá un poco más despacio que otro en lo alto de una montaña o en órbita.

      P. Pero el efecto es pequeño.

      R. Puede ser muy pequeño, pero si te mueves muy deprisa o el campo gravitatorio es grande... Por ejemplo, en el sistema GPS, los satélites necesitan relojes muy precisos porque utilizan el tiempo para indicar la posición. Si no estuviesen corregidos para tener en cuenta estos efectos de la relatividad de Einstein, el GPS no funcionaría bien.

      P. ¿Es el ejemplo de los hermanos gemelos en que uno viaja al espacio..?

      R. Sí. Uno va en un cohete y el otro se queda en la Tierra y cuando el primero regresa, está en el futuro de su hermano. El efecto lo sufren los astronautas, pero es pequeñísimo, a lo mejor regresan una millonésima de segundo más jóvenes que si se quedaran aquí. Ahora bien, si los cohetes fueran muy rápido, casi a la velocidad de la luz, un astronauta podría partir en 2008 y volver un año más tarde para él, pero habría transcurrido un siglo aquí, sería 2100, y conocería a sus tataranietos. Sin embargo, nunca podría viajar hacia el pasado y volver a 2008. Es imposible ir en el tiempo hacia atrás. Mi trabajo sobre máquinas del tiempo (máquinas convencionales, no agujeros de gusano y cosas así) demuestra, basándonos en la relatividad de Einstein, que es imposible viajar hacia atrás en el tiempo.

      La reacción oranúrica en cadena de la atmósfera

      Publicado en General el 3 de Junio, 2008, 10:10 por Wilhelm Reich
      La reacción oranúrica en cadena de la atmósfera


      La necesidad de adoptar las consabidas y completas medidas protectivas del tratamiento de los radioisótopos líquidos eran por fin superadas: no había de hecho ningún medio para defenderse de una energía atmosférica empujada al “amok" por la irritación ejercitada sobre ésta por la energía nuclear. Habíamos presentado ya a los laboratorios de Oak Ridge la petición de admitir a uno de nuestros médicos a un curso sobre las técnicas de protección de las radiaciones nucleares.

      La petición fue retirada y una segunda petición, ya preparada para ser expedida fue también retirada.


      Mientras se desarrollaban estos advenimientos no sabíamos nada de las explosiones atómicas experimentales que habrían de haber sido efectuadas en Nevada hacia algún tiempo. Ni habría podido humanamente prever un aumento de la puntuación de fondo en todos los Estados Unidos orientales y en el Canadá, Una idea tal ni siquiera habría podido pasarme por la cabeza en relación al experimento Oranur.

      Pero fui sorprendido cuando el 3 de Febrero, es decir tres semanas después del experimento, el New York Times informó que durante la última semana de Enero una puntuación de fondo excepcionalmente alta había sido tomada en una zona que se extendía desde Rochester (del Estado de Nueva York) al Canadá. Muchos de mis colaboradores que habían participado en el experimento Oranur en Orgonon tuvieron la misma idea unos independientemente de los otros: la alta puntuación de fondo registrada en los Estados Unidos orientales ¿habría sido quizás determinada por nuestro experimento Oranur?.


      Para acercarnos a la solución de esta cuestión, es indispensable esclarecer diversos puntos:

      1. La puntuación de fondo en Orgonon había sido alta durante todo el experimento Oranur: 60-90 CPM, es decir el triple de lo normal (20-30 CPM). Ésta se volvió normal solamente después del desmantelamiento, en todos los edificios implicados en las investigaciones, de todo aparato para la concentración de la energía orgónica.

        Esta ascendía inmediatamente a niveles elevados (50-70 CPM) si se reconstruía aunque sólo fuese un pequeño acumulador de 30 cm de lado, sin que ninguna fuente de radiación nuclear estuviese presente. Apenas el acumulador era desplazado la puntuación volvía a bajar. Además, algunos acumuladores orgónicos que habían estado puramente cercanos a un acumulador orgónico implicado en el experimento Oranur desarrollaron una intensa radiactividad oranúrica.
         

      2. Algunos físicos de la comisión Americana para la Energía Atómica (AEC) habían adelantado la hipótesis de que los altos conteos de fondo registrados en los Estados Unidos orientales fuesen atribuidos a las explosiones atómicas efectuadas en Nevada entre el 27 de Enero y el 3 de Febrero de 1951. Por muy simple que pueda parecer una explicación de este género nos pareció muy dudosa. Mucho antes que se verificasen las explosiones atómicas habíamos temido eventuales reacciones en cadena de la energía orgónica atmosférica en torno a Orgonon. Apenas constatada la gravedad y la extensión de la reacción oranúrica en puntos muy distantes del edificio del laboratorio, nos habíamos preocupado de lo que hubiese podido suceder en la población situada a 7 Km. de distancia.
         

        El área en la que había sido señalada aquella puntuación de base excepcionalmente alta formaba a groso modo un disco que tenía un diámetro variable entre los 500 y los l000 Km. y un centro situable más o menos en los alrededores, de Orgonon. Ninguno podía decir si la radiactividad se había extendido como mucho en el Océano Atlántico, ésta sin embargo había llegado según nuestras valoraciones hasta unos 1000 Km. en dirección sudoeste, y mucho mas allá en la región del Canadá oriental.

        El aumento de la puntuación de fondo había sido señalado el 3 de Febrero de 1951 es decir tres semanas después de que se hubiera producido la reacción más fuerte oranúrica. Si presumimos que los efectos oranúricos se hubiesen extendido en 21 días de 1000 1150 hacia el oeste, es decir en un sentido contrario a la dirección general oeste-este de la involucración de la energía orgónica, la velocidad de esparcimiento habría estado alrededor de 50-55 Km. al día, es decir cerca de 2 Km. a la hora.

        Esto entraba perfectamente en los límites de las posibilidades reales.

      Viceversa, si se presume que la más alta puntuación de fondo registrada en los Estados Unidos orientales no fuese debida al experimento Oranur, pero sí a las explosiones atómicas de Nevada, nos encontrarnos ante las siguientes contradicciones:

      1. Las primeras explosiones atómicas se habían producido una semana antes de la alta puntuación que se detectó en la parte oriental de los Estados Unidos. Tal puntuación, sin embargo, había sido observada muchos días antes del 3 de Febrero de 1951, es decir apenas dos o tres días de la primera explosión.
         

      2. El crecimiento de la radioactividad atmosférica fue detectado en Rochester, en el Estado de Nueva York, en la nieve que había caído recientemente. Ésta fue de hecho detectada después de que la nieve se disolviese. La radioactividad, por tanto, tendría que haber recorrido los 3.900 Km. (!) que separan la zona de las Vegas, en Nevada, de los Estados Unidos orientales, en 2 o 3 días, es decir a la velocidad de casi 2.000 Km. al día, de alrededor de 8o Km. a la hora; una velocidad superior a la media de los huracanes (15-20 Km.), la velocidad de un tornado ¡y además en días serenos y sin viento!
        Según los boletines meteorológicos que poseíamos la última semana de Enero fue serena y soleada, sin temporales importantes.

        Por oscuros que puedan parecer estos problemas y por cuanto abiertas a la duda puedan estar nuestras suposiciones, no se debe dejar de lado el intento de determinar si la alta radioactividad registrada en la atmósfera de los Estados Unidos occidentales durante la semana del 26 de Enero de 1951 se debió a la explosión atómica del Nevada o al experimento Oranur realizado en Maine e iniciado en 195o el 28 de Diciembre.
         

      3. El aumento de la radioactividad atmosférica se observó solamente en la parte oriental de los Estados Unidos. Desde Rochester (Nueva York) a las Vegas (Nevada), salvo para las cercanías inmediatas de esta última localidad, no se observó nada insólito. ¿Es admisible que la nube radioactiva se haya trasladado a la velocidad de un gigantesco huracán durante 3.900 Km. sin dejar traza alguna hasta que alcanzó a los Estados orientales del confín del Canadá y entonces, y sólo entonces, se manifestase con elevadas puntuaciones de fondo? Creo que tal interpretación sea bastante menos aceptable que la anterior, es decir, que el crecimiento radioactivo atmosférico haya sido determinado por la reacción oranúrica.
         

      4. Todas las informaciones accesibles hasta ahora en materia de explosiones nucleares subrayan el hecho de que la alta radioactividad dura sólo pocos segundos y se extiende sólo unas pocas millas más allá del punto cero; nunca he oído hablar de un efecto radioactivo que alcance una distancia de 3900 Km. dejando un área incontaminada de 2.700 Km. entre el lugar de la explosión y el lugar donde se verificó el crecimiento de la radioactividad. Por otro lado, se ha tenido noticia de que en Bikini los organismos vivos permanecieron intensamente radioactivos por varios años después de aquellas famosas explosiones.
         

      5. Finalmente, he aquí un dato esencial que es necesario tomar en consideración y al que debemos habituarnos de manera sistemática: El alcance de la energía orgónica, ya sea por intensidad que por extensión, es al alcance de la energía atómica de una y hasta de diez libras de material desintegrable, como la proporción en que el infinito es a un grano de arena.

      Se pierde ciertamente esta especial visión de conjunto si no se destaca de la hipótesis atómica y electrónica de la constitución del universo al menos cuando se compara la energía orgónica con la radiación nuclear (?).