Febrero del 2009


Charles Darwin

Publicado en General el 8 de Febrero, 2009, 7:43 por feyerabend

EL ORIGEN DE LAS ESPECIES POR MEDIO DE LA SELECCION NATURAL

Publicado en General el 8 de Febrero, 2009, 7:40 por feyerabend

EL ORIGEN DE LAS ESPECIES POR MEDIO DE LA SELECCION NATURAL

Introducción

 Por Charles Darwin *

Viajábamos a bordo del Beagle, buque de guerra inglés, en calidad de naturalistas, cuando nos impresionaron mucho ciertos hechos observados en la distribución de los seres orgánicos que habitan América del Sur, y en las relaciones geológicas existentes entre los actuales habitantes de aquel continente y sus antecesores. Estos hechos parecían arrojar luz sobre el origen de las especies. De vuelta a nuestra patria en 1837, se nos ocurrió que quizás algo podría sacarse en limpio de esta cuestión, acumulando con paciencia, para reflexionar sobre ellos, toda clase de hechos que pudieran tener alguna relación o conexión con el problema. Después de un trabajo de cinco años, nos permitimos especular sobre el asunto, y formamos algunas cortas notas que ampliamos en 1844.

Al considerar el origen de las especies se concibe perfectamente que el naturalista que reflexiona sobre las mutuas afinidades de los seres orgánicos, sobre sus relaciones embriológicas, su distribución geográfica y otros hechos semejantes, puede llegar a deducir que las especies no han sido creadas independientemente, sino que han descendido como variedades de otras especies. A pesar de todo, tal conclusión, aun estando bien fundada, no sería satisfactoria hasta poder demostrarse cómo han sido modificadas las innumerables especies que habitan este mundo, hasta adquirir esa perfección de estructura y coadaptación que con justicia excita nuestra admiración.

Continuamente los naturalistas la atribuyen a condiciones externas, clima, alimento, etc., como única causa posible de variación, y aunque en sentido limitado, todavía consideramos absurdo atribuir a meras condiciones externas la estructura, por ejemplo, del muérdago, que toma su alimento de ciertos árboles, que posee semillas que necesitan ser transportadas por ciertos pájaros y que ofrece flores de sexos separados que requieren absolutamente la acción de ciertos insectos para llevar el polen de una flor a otra. Es igualmente, a nuestro entender, absurdo querer explicar la estructura de este parásito y sus relaciones con los varios seres orgánicos distintos, por los efectos de condiciones externas o de hábito, o por voluntad de la misma planta.

Es, por lo tanto, de la mayor importancia llegar a la clara percepción de los medios de modificación y coadaptación, por lo cual desde el principio de nuestras observaciones nos parecía probable que el cuidadoso estudio de los animales domésticos y de las plantas cultivadas ofrecería más probabilidades para aclarar tan oscuro problema. Nadie se sorprenderá de lo mucho que todavía queda por explicar con respecto al origen de las especies y variedades, si se tiene en cuenta nuestra profunda ignorancia acerca de muchos de los seres que viven en nuestro derredor. ¿Quién puede explicar por qué una especie extiende en todas direcciones sus numerosos individuos, mientras que otra aliada a la primera domina en espacio pequeño y apenas se la encuentra? No obstante, son de mucha importancia estas relaciones, porque determinan el bienestar actual, y a nuestro modo de ver, se dirigen al futuro logro y modificación de cada uno de los habitantes de este mundo. Todavía sabemos menos de las mutuas relaciones existentes entre los innumerables habitantes que han existido durante las muchas épocas geológicas que cuenta la historia, y aunque hay muchos misterios que durante mucho tiempo permanecerán tales, sin embargo, después del estudio más deliberado y del más desapasionado juicio de que somos capaces, no dudamos que la opinión hasta ahora sostenida por la mayor parte de los naturalistas y antes por nosotros, al afirmar que cada especie ha sido creada independientemente, es errónea.

Estamos convencidos de que las especies no son inmutables, sino que las pertenecientes a los llamados géneros descienden en línea recta de algunas otras especies ya totalmente extinguidas, de análoga manera que las variedades reconocidas de cualquier especie son descendientes de esa especie. Aun más; no dudamos que la selección natural ha sido el más importante, sino el exclusivo medio de modificación.

* Naturalista

El Sol: a ocho minutos luz

Publicado en General el 2 de Febrero, 2009, 14:55 por feyerabend

El Sol: a ocho minutos luz

Para conocer lo que ocurre en las capas más profundas del astro rey se recurre a la heliosismología, que revela con el registro de las ondas de sonido generadas en el interior solar las características físicas de la zona donde se han originado

M. VÁZQUEZ ABELEDO 02/02/2009 

Una tormenta solar y una aurora

Una tormenta solar, una aurora visible desde el espacio y otra desde la superficie terrestre.- ESA/NASA

Entre las más de cien mil millones de estrellas que pueblan nuestra Galaxia, el Sol pasaría totalmente desapercibido. Una estrella de color amarillo y tamaño medio que lleva 4.600 millones de años quemando hidrógeno, su combustible, para generar la energía que necesita con el fin de mantenerse estable. Con el resto de objetos del Sistema Solar (planetas, satélites y cuerpos menores) se formó de la contracción de una nube de polvo y gas en rotación. Casi dos tercios de las estrellas se encuentran acompañadas por otras, formando sistemas binarios o múltiples, mientras que el Sol se nos muestra aislado, una primera característica a destacar.

La determinación de su distancia a la Tierra fue un objetivo perseguido durante muchos siglos, permitiendo colocar finalmente una referencia geométrica básica en nuestro Sistema Solar, la unidad astronómica, 150 millones de kilómetros. Por consiguiente, su luz tarda tan sólo unos ocho minutos en llegar hasta nosotros. A dicha distancia, su millón y medio de kilómetros de diámetro se nos muestra como un disco con medio grado de tamaño angular en el cielo, lo suficiente para que podamos observar detalles de su superficie. De hecho, es todavía la única estrella que podemos observar de esta forma. Lo que hemos conocido de ella lo hemos aplicado enseguida a otras que sólo podemos ver como un punto. En este sentido, el Sol constituye la piedra de Rosetta de la Astrofísica.

Durante muchos siglos la Biblia constituyó la única referencia para conocer su edad y del resto de nuestro sistema planetario. Unos pocos miles de años. En el siglo XIX se inició una viva discusión, basada especialmente en evidencias geológicas en nuestro propio planeta, y en unas décadas se aumentó su edad a varios miles de millones de años. Las consecuencias fueron múltiples. Debía tener lugar en el interior solar un nuevo proceso, las reacciones nucleares, que le permitiera brillar durante un tiempo tan prolongado. Si la edad del Sol era mayor, también lo era la de la Tierra. La teoría de la evolución de las especies, propuesta originalmente por Darwin, disponía de suficiente tiempo para explicar el proceso evolutivo desde las primitivas bacterias a los seres complejos, como el ser humano.

La fotosfera, a 5.000 grados

La luz es la principal herramienta de que disponemos para el estudio del Sol. La superficie solar, la fotosfera, tiene una temperatura de unos 5.000 grados, con lo que la mayor parte de la radiación emitida se encuentra en la región del espectro visible, no es por casualidad el que nuestros ojos sean sensibles a dicha luz. Un pequeño telescopio y una cámara digital nos permiten ver algo similar a la figura 1. En ella destacan unas estructuras oscuras, las manchas, que son el asiento de intensos campos magnéticos. Su número varía con un ciclo de actividad de once años. Estructuras más pequeñas, la granulación, son la consecuencia del transporte de energía por convección.

Para conocer lo que ocurre en las capas más profundas del Sol, su interior, se recurre a una técnica más compleja: la heliosismología. Al igual que los tonos musicales con que vibra un objeto nos informan de que está compuesto, así el registro de las ondas de sonido generadas en el interior solar nos revela las características físicas de la zona donde éstas se han originado. De esta forma se ha comprobado que nuestras ideas sobre la evolución de las estrellas son correctas.

La utilidad de los eclipses totales

Durante siglos, los eclipses totales han constituido la única oportunidad para contemplar las capas más externas del Sol: cromosfera y corona. Sorprendentemente se comprobó que la temperatura aumenta en ellas progresivamente hacia fuera hasta valores de más de un millón de grados emitiendo radiación muy energética (ultravioleta y rayos X), que es observada continuamente desde telescopios espaciales. De la corona escapa también un flujo continuo de partículas subatómicas cargadas eléctricamente (protones, electrones y núcleos de helio): el viento solar.

Por último destacaríamos que el Sol es nuestra estrella, la que proporciona la mayor parte de la energía que necesita nuestro planeta para mantener unas condiciones adecuadas para la vida. Situado en nuestra vecindad, cualquier cambio en su radiación o en el viento solar puede afectarnos de forma importante, por lo que hemos de conocer su estructura y predecir sus futuras variaciones.

La atmósfera solar se ve sacudida por fuertes tormentas que duran, como las terrestres, varios días y durante las cuales miles de millones de toneladas de las citadas partículas subatómicas son lanzadas al espacio interplanetario. Guiadas por el campo magnético interplanetario en ocasiones encuentran a una pequeña bola, la Tierra, en su camino. La manifestación más evidente de la influencia de dichas tormentas sobre nuestro planeta la constituyen las auroras (figura 2), pero sin duda son de especial interés la influencia dañina que tales tormentas ejercen sobre nuestro entorno tecnológico: redes de telecomunicaciones espaciales, las grandes líneas de distribución eléctrica en tierra y los gaseoductos. Los astronautas en sus salidas fuera de la nave y en sus futuros viajes a la Luna y a los planetas vecinos deben protegerse también de su influencia. En el próximo futuro el conocimiento de las condiciones del medio interplanetario, el medio ambiente espacial, será casi tan esencial como las actuales predicciones de la meteorología.

La influencia de las variaciones solares sobre el clima terrestre es un tema de candente debate en el contexto del calentamiento global que sufre nuestro planeta. Si bien las variaciones solares pudieron ser en gran parte responsables de los cambios climáticos de los últimos 10.000 años, su contribución al aumento de temperaturas es casi despreciable en relación a la clara huella humana mediante la emisión de gases invernadero procedentes de la quema de combustibles fósiles y la actividad agrícola.

M. Vázquez Abeledo pertenece al Instituto de Astrofísica de Canarias y es miembro de la Sociedad Española de Astronomía